ANATXU ZABALBEASCOA 27/12/2008
Desde 2005, la urbanista Martha Thorne (Rochester, 1953) asiste callada a las deliberaciones del Premio Pritzker, el más importante que puede recibir un arquitecto. Es la secretaria ejecutiva del galardón, la que hace la llamada al ganador. Por eso vamos a comer a un edificio del último Pritzker, la ampliación del Museo Reina Sofía de Madrid. Thorne dice que le gusta: "Jean Nouvel provoca a la gente para que use la arquitectura de otra manera. Corre riesgos. Cuando arriesgas a veces te equivocas. Es el precio para acertar".
Presta poca atención a la comida: pincha alguna croqueta y marea la dorada, que deja a medias. Sobre el Pritzker comenta diplomática que unas veces más que otras está de acuerdo con el veredicto, pero que: Gehry, Foster, Moneo (el único español premiado)... "todos los que lo tienen lo merecen". ¿Lagunas? "Hubiera sido justo premiar a la brasileña Lina bo Bardi". Pero murió en 1992 sin premio. Tienen mala suerte con las arquitectas. El año anterior, el 91, se lo dieron sólo a Robert Venturi, cuando llevaba dos décadas trabajando con su mujer Denisse Scott Brown. ¿Por qué lo premiaron sólo a él? "Fue un tema doloroso para Venturi y para el Pritzker. Scott Brown no asistió a la ceremonia".