Jordi Querol | Actualizado 16.11.2008 - 01:00
Este artículo no implica, insinúa o define ningún tipo de uniformidad entre los profesionales que practican esta disciplina. Sabemos muy bien que hay mil arquetipos distintos de arquitectos. Arquitectos que enseñan arquitectura, arquitectos asalariados en despachos de otros arquitectos, arquitectos que calculan estructuras, arquitectos urbanistas, arquitectos peritos y, así, hasta el infinito. La tipología del arquitecto, es decir, su especialidad, poco tiene que ver con la calidad, ya que en ésta y en otras profesiones la 'calidad' no depende de la 'especialización', sino de la dedicación, el esfuerzo y el talento de cada uno. Más que decir nada nuevo sobre ellos, concretaré de manera esquemática algunas de sus verdades más significativas.
Los adelantos tecnológicos (adentrados ya en el siglo XXI), han provocado que nuestros edificios sean mucho más complicados y complejos y, por lo tanto, el número de técnicos implicados en los procesos constructivos (ingenieros, especialistas, oficinas consultoras de todo tipo, etc.) ha aumentado considerablemente, causando una notable 'dispersión' definitoria.
No hay más que comparar la arquitectura con la medicina para entender lo que aquí se expresa. Sin duda, la tecnología aplicada a la segunda disciplina también ha evolucionado enormemente, pero el cuerpo humano y sus reacciones, es decir, el campo de actuación de la medicina, siguen siendo los mismos. En cambio, las arterias (instalaciones) y los huesos de un edificio actual (estructura) son radicalmente distintos a los de cualquier construcción de hace cuarenta años.
El arquitecto actual se encuentra ante unos procesos de edificación ciertamente complejos. Dominarlos con rigor presupone la obligación ineludible de aliarse con numerosos especialistas, tanto en el proceso proyectual como en el de ejecución de obras. Hoy, con tantas normativas, placas solares, telecomunicaciones, cubiertas singulares, ascensores, aire acondicionado, cimentaciones especiales, micropilotajes, controles de todo tipo, probetas, análisis geológicos... la construcción necesita un sinfín de especialistas. Una multitud de temas y factores que requieren un gran número de colaboradores.
Gracias al absoluto entendimiento entre los profesionales anteriormente mencionados, y siguiendo cada uno sus cometidos específicos, se consigue dar vida a un 'elemento único': el edificio. A partir de unas ideas globales que son patrimonio del arquitecto, se van desmenuzando con rigor (proyecto ejecutivo) los 'detalles' gracias al trabajo de cada uno de los especialistas que intervienen en el proceso.
Fuente: Huelva Información